18.11.12

Vida y Obra de un payaso resignado


Mi vida es sencilla y memorizable...

Me levanto a la mañana,

desayuno té con tostadas,

y un poquito de mermelada "Mariñón".

Me doy un baño bien rápido,

y luego lavo los platos,

que a la noche no enjuagué por cansancio.

Me visto en mi recámara,

vuelvo al baño y me maquillo,

y antes de salir me calzo mis zapatos.

En la calle me saludan;

el cartero y su buen perro,

la vecina vieja de enfrente, y del 43 la adolescente.

Voy silbando a mi trabajo,

manos en los bolsillos

y un sueño postergado

muy presente en los silbidos.

Frente en alto y como un alien,

sonriendo como nadie,

soy un extraño en un mar de gente.

La gran carpa ya alistada,

y una fila en la entrada

de casi 2 cuadras de largo.

Entro por la puerta de atrás,

le digo “Hola” al Dón Juan

de mi jefe que me responde con un “Buen Día”.

Llego a mi camarín,

qué digo mío si es de Ailín,

de Josefina, Bobo, Pichu, Letu, Fede, Flor, Nano, Beto, Juli, Pato, Gonza, Pili,

y de Facundo los Jueves.

Pronto se hacen las dos,

y mi turno ya llegó,

entonces salgo sin perder nunca la sonrisa.

Me presento muy cordial

y me empiezo a tropezar,

con mis cordones más largos que mis zapatillas.

Escucho la risa de un niña,

de las filas de por atrás

mi trabajo ya está hecho

y no puedo pedir más.

La rutina cansadora,

de la cual dependen mis horas

se hace valer la pena

al escuchar la risa de una pequeña.

Vuelvo a casa despacito,

como quien no quiere la cosa

voy pensando muy tranquilo

en que mañana repito la estrofa.

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