24.11.12

"Cada vez queremos menos, y por eso cada vez tenemos menos, hasta que al final no queda nada"


Yo me pregunto si será tan fácil, si el hecho de crecer va de la mano con la madurez y te promete un futuro, aunque no próspero, feliz. O si de modo totalmente contrario, la gente es más propicia a vivir una infeliz adultez mediocre y sólo esforzándose y cagándose en los demás se llega a una real felicidad. Uno se aferra a muchas cosas en la vida, quizás dejarlas ir, restarle importancia es un símbolo de madurez, o quizás es una muestra de tu propia insensibilidad. Porque luchar por lo que uno ama es doloroso y muy arriesgado a veces, pero creo que vale la pena. Nadie quiere terminar solo, con nada ni nadie que lo motive a vivir. Pero tampoco esta bueno si bien no se está solo, no conocer realmente al que está al lado tuyo, al que te acompañó y acompaña día a día. ¿Pero qué tan sencillo es llegar a ese punto? Al punto de estar 20 años con una persona y terminar desconociéndola completamente, ¿cuándo uno deja de ser uno y descuida sus relaciones a tal punto? Es posible estar en la miseria y ser feliz, pero ¿qué tan factible es estar acompañado por voluntad propia en esa miseria? Si me pongo a pensar en el ahora, no creo que nadie me acompañaría voluntariamente a la miseria, nadie se sacrificaría con tal de estar conmigo y no abandonarme, porque me quiere. Y luego recuerdo a mis viejos, y pienso ¿qué carajos sería yo sin ellos? E inevitablemente todo llega a la conclusión de que no siempre van a estar ahí, ni aunque lo deseen con todas sus fuerzas. Y entonces, ¿qué será de mí cuando me encuentre completamente sola en la vida? Tengo mis días donde me creo estar llamada para hacer grandes cosas, otros donde me cree incapaz de todo, y otros  como hoy, donde la sensibilidad a flor de piel responde a películas costumbristas y reales como “Luna de Avellaneda”.

18.11.12

Vida y Obra de un payaso resignado


Mi vida es sencilla y memorizable...

Me levanto a la mañana,

desayuno té con tostadas,

y un poquito de mermelada "Mariñón".

Me doy un baño bien rápido,

y luego lavo los platos,

que a la noche no enjuagué por cansancio.

Me visto en mi recámara,

vuelvo al baño y me maquillo,

y antes de salir me calzo mis zapatos.

En la calle me saludan;

el cartero y su buen perro,

la vecina vieja de enfrente, y del 43 la adolescente.

Voy silbando a mi trabajo,

manos en los bolsillos

y un sueño postergado

muy presente en los silbidos.

Frente en alto y como un alien,

sonriendo como nadie,

soy un extraño en un mar de gente.

La gran carpa ya alistada,

y una fila en la entrada

de casi 2 cuadras de largo.

Entro por la puerta de atrás,

le digo “Hola” al Dón Juan

de mi jefe que me responde con un “Buen Día”.

Llego a mi camarín,

qué digo mío si es de Ailín,

de Josefina, Bobo, Pichu, Letu, Fede, Flor, Nano, Beto, Juli, Pato, Gonza, Pili,

y de Facundo los Jueves.

Pronto se hacen las dos,

y mi turno ya llegó,

entonces salgo sin perder nunca la sonrisa.

Me presento muy cordial

y me empiezo a tropezar,

con mis cordones más largos que mis zapatillas.

Escucho la risa de un niña,

de las filas de por atrás

mi trabajo ya está hecho

y no puedo pedir más.

La rutina cansadora,

de la cual dependen mis horas

se hace valer la pena

al escuchar la risa de una pequeña.

Vuelvo a casa despacito,

como quien no quiere la cosa

voy pensando muy tranquilo

en que mañana repito la estrofa.