17.2.11

CAP 2 El Secuestro.

"Nuevo año, nueva vida". Eso me dijo, y la cito. Éramos jóvenes y ninguno de los dos entendía la importancia y responsabilidad del ser PADRES. Pero algo en mí me lo advirtió, no era buena la decisión. Cada uno por su camino seguiría y las cosas no cambiarían, pero no fue así.
Seis meses después de nuestra despedida me despierto en la mañana con la peor noticia, ELLA ya no estaba, había desaparecido, llevaba 8 días siendo buscada por la policía. Creo que en ese instante lo supe, nunca debí dejarla. Un hervor me recorrió el cuerpo. Me vestí rápidamente y salí hacía la estación de policía. Aunque claro no me dieron información alguna, quién era yo para pedir nada, el supuesto padre del niño o niña dentro del vientre de la mujer desaparecida, pero no tenía prueba alguna. Un hombre, alto, robusto, su cabello era más bien obscuro y grueso. Su rostro era huesudo y de facciones bien delineadas. Sus ojos eran negros y saltones, y me miraba desafiante. Era su nuevo esposo, o más bien su único esposo, ya que nunca nos llegamos a casar. Eso fue lo único que me dijó la policía.
Fui a hablarle, a comentarle, más bien pedirle que me dejara ayudar con la causa, con la búsqueda de mi ex y mi bebé. ¿Qué más podría hacer, yo no era nadie y no podía exigir nada? Él no lo tomó para nada bien, pero estaba en tales condiciones, él no sabía nada, estaba loco, ya habían pasado 8 días y no tenía noticias de su mujer. Me permitió contribuir.
Tres meses pasaron y yo sabía que ya era tiempo para que diera a luz. Por mi cabeza pasaron mil y un ideas atroces de lo que le podrían estar haciendo a mi bebé y por supuesto también a ella.
La policía se dio por vencida cuatro meses después, alegando que lo más probable es que estuviera muerta y al bebé sería IMPOSIBLE de rastrear. Fueron los 7 meses más agobiantes y traumáticos, la policía hacía cada pregunta estúpida que nos hacía sentir cada vez peor. Pero al menos fueron 7 meses donde la esperanza, la fe, me permitía seguir adelante. Mas cuando la policía dio por finalizada la búsqueda mis esperanzas se derrumbaron y mi vida terminó en ese instante.
Oscar no resistió ni dos meses, fue encontrado ahogado en el baño de su departamento. Y yo, continúe. No tenía a quién acudir, los padres de ELLA habían muerto varios años atrás, yo era su única "familia", si es que se me puede considerar su familia. Pero aunque no lo quise admitir en ese momento, yo ya sabía que ella estaba muerta. Pero la seguí buscando, a ella y a mi bebé, con detectives privados, le pagué a los investigadores y policías más destacados para que siguieran buscando. Pero nada resultó. En el caso se habían encontrado muy pocas pistas, y todas totalmente irrelevantes.
Sólo por casualidad, o por el destino, una tarde de Abril hace 3 años vi a una pareja en una plaza. Algo me llamó la atención en esa pequeña niña. Me acerqué disimuladamente, y mi corazón casi se para. Era el rostro, el mismo rostro que el de ELLA. Y ese hombre, ese repulsivo hombre tenía que ser el que describían los pocos testigos que divisaron algo de lo sucedido aquella noche del secuestro. Nunca fui muy impulsivo, pero esto me llevo a tal grado de alienación que juro no recuerdo bien lo sucedido en ese instante. Yo sabía que era ÉL, esa mirada, esa sonrisa petulante. Y ese bebé de 3 años ya, era MI bebé, lo sabía.

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