9.7.10

No está terminado... solo quiero su opinión de lo que va por ahora de este borrador
Ya no tengo razones para esto. Voy a terminar, no puedo ni quiero seguir. Le diré adiós a ella; no quiero volverla a ver. ¿Difícil? No lo creo, sólo espero que me deje ir. No siempre fue así. Antes ella era alegre, y yo la disfrutaba tanto. Pero muchas cosas pasaron desde aquél entonces, y todo cambia. Y ella no es una excepción. Al principio la rutina la absorbió, pero con el tiempo fue empeorando. Tenía muchos amigos, pero fueron desapareciendo en el camino. Y no hay nada peor que la soledad. O al menos eso creo yo. Y ahí, al borde del camino, fue a donde me arrastró toda esa agonía y depresión. Traté de alegrarla, de darle diversión, y un sentido. Pero seguía empeorando. La gente ya no formaba parte de ella. Y todos me evitaban. Y lo perdí todo. Por eso ahora me quiero alejar de ella. Despegarme por completo, para dejar de sufrir. Mis padres nunca me quisieron, o eso es lo que me hicieron sentir. Tuve dos hijos, pero se alejaron de ella, de mí. Yo no sabía, más bien no quería ver el mal que les hacía a los demás, era egoísta y solo me quejaba de lo que me hacía a mí mismo. A los 13 años escapé de casa, dejé la escuela y me fui, lejos, y nadie fue a buscarme. Viví por mucho tiempo en un pueblito al límite entre Córdoba y Buenos Aires. Ahí era conocido como el chorro del pueblo, aunque robaba cosas simples. Era chico pero había sido bastante astuto, ya que antes de irme de casa había sacado la mayor cantidad de dinero que pude. Pero no me sirvió, me gasté el dinero muy rápido. Vivía en las calles. Con mucho esfuerzo y tiempo conseguí un trabajo y un lugar para hospedarme. Vivía en una vieja casona con una vieja señora. Como el dinero que ganaba no era suficiente como para pagarle una renta yo hacía todos los trabajos de la casa. Volví a la escuela al cumplir 15 años, lo llevé como pude. A los 16 me enamoré por primera vez. De Rosario. Ella era la mujer más hermosa que nunca había visto, y eso que en el pueblo había muchas chicas. Era de una estatura normal, pelirroja, delgada, algo pálida, y extremadamente fina. Era la hija del hombre más rico del pueblo, y eso no ayudó mucho en nuestra relación. Yo era el pobre del pueblo y ella la rica, no había que pensar mucho; la gente creía que sólo me interesaba su fortuna, y su padre también pensaba así. Pero nosotros estábamos muy enamorados. Su padre no podía creer lo que pasaba, ¿su hija enamorada de un pobretón? Pero era amor verdadero, y yo juro que la ame más que a mi vida. A los 18 años terminé el colegio con honores, esos dos años perdidos los recuperé estudiando en vacaciones y haciendo exámenes de equivalencia, y pude conseguir un mejor trabajo. Al año siguiente le propuse casamiento a Rosario, pero su padre aún me creía indigno de su hija, así que le dio a elegir entre su fortuna y yo. Ella me eligió y su padre la desheredó y se fue del pueblo. Nunca supe nada más de él. Nos casamos, fue algo sencillo pero lindo. Al poco tiempo ella ya estaba embarazada, ¿qué puedo decir siempre fui un porteño impaciente? A los nueve meses nació Olivia, la beba más linda. Era colorada como su madre y tenía sus mismas pecas por todo el cuerpo. A los cuatro años nació Felipe. Y mi vida estaba completa, luego de una triste infancia pude cambiar las cosas, tenía una esposa magnifica a la cual amaba incondicionalmente; y dos hijos que eran la luz de mis ojos, la razón de mi existir. Pero ya me parecía bastante extraño tanta felicidad. En el cumpleaños número 8 de Felipe, Rosario murió de un ataque cerebral. Mi caída fue fatal. Los chicos necesitaban a alguien que estuviera con ellos, y yo les fallé. Comencé a tomar y a drogarme, y mi vida fue desmoronándose poco a poco. Pero luego conocí a una mujer, una rubia alta, que estaba metida en bastantes cosas, cosas que es mejor dejar explícitas. Los chicos estuvieron conmigo por dos años más, Olivia decidió irse de casa y se llevó a su hermano con ella, no la querían a ella y estoy casi seguro de que ya no me querían a mí. Realmente nunca supe qué fue lo que hicieron, la única comunicación que tuve con ellos en estos años fue un día hace cuatro años, Olivia llamó y me dijo que estaban bien. Nunca los busqué, nunca los llamé, porque creo que es imposible que me perdonen. Mi vida en estos años cambió mucho, me rehabilité y pude seguir, pero ya no puedo más. Y me voy a alejar de ella. No creo que nadie encuentre esto en bastantes años, estoy solo y a nadie le importo, por eso, vos, que me habrás encontrado y estarás leyendo en este instante esta carta, sabe que te agradecería mucho que le cuentes a mis hijos por qué yo me alejé de ella, por qué. Dales está carta y juro que de alguna forma te recompensaré. Queridos hijos: Feliz me voy, contento de dejarla, de por fin hacer algo que no lastime a nadie. Toda mi vida me la pasé lastimando a mucha gente con mis decisiones erróneas, hoy sé que esta es la correcta. Y no lloren por mí. Sé que todo estará mejor así. Adiós.

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